miércoles, 17 de junio de 2009

ESPEJO

“En memoria de los días de una furia sin flores” debería leerse en mis rodillas. La que me mira desde el espejo puede como máximo, imitar momentáneamente una parte de lo que soy. Mis ojos se disfrazan de hinchazón para decir la mentira de un llanto reciente y joven, pero yo sé lo que no veo en ese reflejo. Cuando pasa la lluvia las piedras resucitan ante mí con esa belleza detenida que tienen las ruinas abandonadas. Poderoso e invisible se oye el clamor del pasado. Cuando pasa la lluvia, las ruinas se miran inmóviles y permanentes. Esta es la nueva perspectiva, ahora la violencia es un recuerdo antiguo y el aguacero arrasador aún en su furia, no hace más que limpiar las grietas y las desgarraduras. Ahora la pregunta por lo original y primero es absurda, nada queda de lo que fue; ahora la verdad es esta, incompleta. Casi todo lo que vemos es una mínima parte de lo que en realidad es, por lo tanto, siempre estamos frente a una imagen que sustituye a la verdad, una verdad fragmentada, irreparable, una verdad que duele. Me pregunto cuántos de los que me visitan entienden esto. Voces y manos apuradas violando el silencio de estas habitaciones, hundiéndose en las lastimaduras de estas paredes. Pero nadie llega al fondo del misterio a romper palabras encadenadas. La que me mira desde el espejo, por estática e inmediata, carece de mi verdadera condición: una muerte diseminada en falsas y pequeñas muertes diarias que me divide en dos mitades, dándome una existencia vertical que se sostiene al mismo tiempo desde el hundimiento y desde la altura.

miércoles, 10 de junio de 2009

pospongo el día
postergo el sol
en tanto afuera
las dos lunas que canto
no se entreguen encandiladas

viernes, 5 de junio de 2009

DE NEGRAS Y NEGROS

a Camilo
Cierta noche en que supo abrirse en tajos el cielo para parir los besos que engendra la luna, moreno grieta llegó al río que lo estaba esperando. Una causa, una canción y sólo la dicha. Negro y negra suerte hechada, diluvio, sudestada, inundación.
Moreno arena, gusto a piedra, sus ojos negros por el cielo negro de otros ojos hueco se sintió crecer en el paisaje herido de una negra barro cansada de tanto andar. Y se hundieron sangre adentro, a la deriva, anhelando el mar. Negra hembra, negro macho, piel brutal, cauce bravo y poco más. Negro y negra bastó una chispa para formar incendio tan así... tan furia, tan viento, tan más y más.
Qué donaire negra y negro, qué chifle lleno de hambre irse tan lejos a buscar lo que tenían junto al cerro que los encontró. Negro nube, negra viento; al sur no había cobijo para tanto amor. Cuando nace el otoño y el cielo se cae conviene irse andando pero no supieron dónde, negra sombra, frío, pampa; negro lloró y tuvo razón.
Como si bastara el mar.
Como si fuera posible ser luna y sol sin ocasos ni auroras.
Entonces negro tierra que sabe despertarlo se lo llevó lejos y negra surco, sangre, fuego no lo trajo de nuevo con su voz. Negro herido, negro hechizo enamorado de sí mismo, negra ahogo que no supo decir que en su cuerpo moreno, negro madera se encendía la vida; que en sus ojos negros latir había sembrado toda una larga eternidad.
Dejá que se vaya negra, ya no lo has de ver. Negro arena se va cantando solito detrás de los pájaros que emigraron cuando el frío llegó. No llores negra, negro tuyo se va sin saber que al sur del sur cuando es mayo y escampa, hasta las piedras pueden florecer. No llores negro, allá lejos tu estrella te ha de mostrar que no hay sol que queme más que el amor que no pudo crecer.


inmóvil
miro el camino
demasiado largo.
¿qué ilusión pulsará
el primer paso?
esta vez no sé
si quiero resucitar.




sábado, 30 de mayo de 2009

Pensando como casi sintiendo como vestida como siempre que se me da por saber que todo está por sanar. Que cuando toca pulsar la bandada de cuerdas propone temporales. Que cuando toca soltar siguen pasando las horas. Que cuando toca arder valen los excesos. Y sobre todo que antes de ayer me dejaba caer en remolinos y que antes de eso la espera. Que hoy casi nadie. Que pasado mañana cuando casi nunca, sea lo que sea. Y que después todas las versiones, todas las certezas, todo el amor que iba a ser, toda la magia. Y la ilusión de que vivir es casi siempre ir cambiando, a veces descanso, a veces ventolera.

viernes, 29 de mayo de 2009

El amor y el espanto

La marca de la obscenidad los empujó fuera del pueblo, a salvo de las miradas escondidas detrás de las persianas. Cuando el tiempo se distrae y ocurren amores condenados a la censura, se sabe que un incendio retorcido, porfiado y estremecido, afiebra las entrañas de los amantes y a éstos no les queda más que revolcarse en el barro de lo prohibido o al menos embadurnarse un poco las manos; entonces presos de un encantamiento enigmático y alucinado se aman a escondidas, acusados de alterar un orden respetable y razonable. Pero cuando ellos se recluyeron y todos los demás olvidaron la tragedia, o al menos se aliviaron de no verla, descubrieron que aún sin intención ni conciencia de pecado, no estaban a salvo de la inquietud, porque cada vez que se amaban ocurría algún desastre. Esa noche cenaron en silencio y sólo se miraron cuando el temblor de las puntillas de la enagua anunciaba lo inminente, una tormenta cuya naturaleza conocían intimamente. Sofocada y aturdida ella salió al campo y él atrancó la puerta a tiempo cuando ya empezaba a soplar el viento. Su camisón fue arrastrado junto con las ramas y las chapas del techo, la furia del aire húmedo y denso aumentaba cuando ella, desnuda y convulsionada, cortaba el viento con sus brazos transformados en filos y lo desangraban sembrando el suelo de pájaros sin alas. Empapada de lluvia y sudor vio mujeres desnudas volando entre sábanas rojas y pedazos de roca encendida abriendo en la tierra grietas por donde desaparecían los árboles y las gallinas. Se dejó manosear por las sombras, ahogada y atragantada de barro y mugre hasta que empezó a amanecer y repentinamente todo volvió a la calma. Sin recuperar del todo la conciencia entró a la casa con la poca lucidez que le permitía su mente exhausta, lo miró a los ojos aliviada de encontrarlo y se durmieron abrazadamente resignados. No eran más que eso, un amor hecho antes, durante y después del juego de los cuerpos; pero como a algunos le toca la bendición, a ellos les tocó el espanto.

martes, 10 de marzo de 2009

"Rompo este huevo y nace la mujer, y nace el hombre"


Dejame que la luna se caiga por tu espalda esquivando el rojo espeso de las hendiduras que agonizan. Dejame que cuando la noche de tus pupilas se queman yo veo tus ojos diciendo todos los secretos. Cómo es posible que no sea cierto que la ciudad es sorda y que los cuerpos llueven. Globos que engendran nuevos globos. Trenes que se deshacen cuando van. Si todavía nos queda descubrir que somos tal como nos hemos ido imaginando. Que todavía nos queda saber si somos incapaces de imaginar lo que realmente somos. Yo te llevo a soñarnos otro rato, vos guardame una pausa en donde despertar. Dejame que sí y que mañana. Dejame que acaso y que quizás.