lunes, 21 de septiembre de 2009


Acá una mujer. Rodeada de sombras y pasiones. Se desmorona, se extiende, se retira, se destruye, se restaura. Me siento irreal, en esta mañana sin importancia. Ahora tendría que hablar de la fragilidad de mi carne, cansada de morir de a poco, harta de comienzos y de ausencias. Cuánto tiempo, cuánto tiempo. En el humo negro del cigarrillo, intuyo que lo peor del tiempo es el inmenso espacio que ocupa. El amor arraiga tan pocas veces que temo no tener a nadie cuando me gane el miedo Hay noches en las que debiera atravesarme el descreimiento, porque lo que me aterra es tener la profunda certeza de su existencia y esta ridícula condición de espiarlo a huntardillas desde este cementerio de mariposas y margaritas. Alguien falta y no recuerdo su nombre. Un juego de niños. El estallido de los sentidos. Los escalones que huyen hacia abajo. El resto es ilusión. Cada cual, cual, atiende su juego… y el que no, el que no, una prenda tendrá. Apago el cigarrillo. Acá una mujer. En esta mañana sin importancia.

2 comentarios:

Djuna dijo...

Allá un holograma que recuerda el olvido por muy absurdo que parezca... allá esa mujer que debe sonreír cuando el humo se le escapa de las manos y de la ausencia-

el perdido dijo...

El miedo ha empezado a ver con otros ojos a esa mujer. Pues esa mujer es más grande y el miedo es un niño en pañales