viernes, 13 de noviembre de 2009

Hoy se me hace que las palabras
no son mis palabras
porque este ansia de hablar
me ha despertado exhausta.
Y me quedo quieta.
Y no digo nada.
Hay algo que se ovilla y se guarda en mí.
Como agua de río que vuelve a la montaña,
como conejos que vuelven a la galera,
como un abanico que se cierra,
como un carozo que vuelve a ser durazno,
o una flor que vuelve a ser semilla.
Pronto sabré
dónde se esconden los colores.
Dónde termina la tristeza.
Pronto hallaré la sencillez del canto.
No me llamen
que cuando no estoy
soy pluma que anda
soy silencio que aguarda
soy cuerpo vaciándose
soy espiral interminable
hacia donde se anuncian los milagros.

2 comentarios:

FER! dijo...

Nuestras palabras siempre son la palabras de algún otro que siempre está hablando por nosotros! Y no está mal volver a uno... a la esencia... a esa nada que hace que seamos algo distinto a todo lo demás!
Muy lindo leerte, colega.
Beso.

Cristian dijo...

Un regalo que puede gustar.







Vigilia

Aquella puerta
que se abría en el sueño con la mirada
¿era parte del sueño
o llevaba fuera del sueño?

Jose Manuel Arango