
precisar a alguien para siempre
medio mugre y medio tormenta como yo
alguien con quien cruzar las palabras de una charla honda
y con quien mirarme largamente
Será que la melancolía es hembra... será que la muerte también...


Despertó atormentada por un remordimiento desconocido y carente de entusiasmo. Su mirada turbia apenas le mostraba madera y sombras. Tendida en el piso se esforzaba por ver mientras se le erizaba de frío la piel desnuda. De las largas horas hasta quedarse dormida, tenía una vaga idea aproximada de haber deseado reír y no haber tenido fuerza para la carcajada. Desde donde estaba todo eran sospechas; el resplandor de la calle, el papel entre sus manos, los dedos entintados, los fantasmas no reconocibles y esa sombra. Estaba viva y entera, sin más coágulos que la imposibilidad en la mirada de llenar los huecos grandes para entender la habitación que conocía. Se sentó lentamente, y tomó el papel garabateado como si toda su existencia le rogara quietud. No había dolor físico, sino una amarga certeza de saberse de memoria lo que no sabía: que lo había escrito ella en la oscuridad profunda y que no era su letra, sin embargo leerlo le llenaría rebalsadamente la conciencia. Si al menos fuera una heroica sensación de haber sido esculpida en piedra por manos de otro mundo y no esta inmunda vergüenza de vulgaridad lamida y corrompida. Leyó:-cuando morir sea
tragar el agua
que hace siglos humedece
mi boca llagada-
El cielo está sangrando la noche a punto de nacer... por qué estaré tan lejos de lo que quiero. 